2005

Restaurante Ikea

Vitoria, España

En colaboración con Javier Mariscal

Fotografía © Salasstudio

Ikea significa en vasco pequeña colina. Para conceptualizar el interiorismo de Ikea, se imaginó como un restaurante ubicado en un caserío en lo alto de una pequeña colina, rodeado de un bosque de hayas y robles. La realidad es que el restaurante Ikea de Vitoria es una casita de cuento, que está en medio de un bosque de edificios de apartamentos.

El bosque se vive en el interior gracias a sus materiales y aplicaciones, donde madera de roble y otras maderas autóctonas, piedras calizas y de granito conviven entre ellas. Los materiales dejan ver las vetas, los nudos, el corte de sierra, buscando la autenticidad y su propio carácter.

En el techo, un entramado de troncos filtra la luz artificial. En los muros interiores, paneles de maderas de distintas variedades, texturas y cortes aportan esa sensación primitiva, donde la imperfección formal es simplemente una cualidad del material.

Sobre algunos de los paneles se asoman cangrejos, de fibra de vidrio e iluminados con fibra óptica, que aportan contraste y son una referencia a la contemporaneidad, entre la crudeza y la sofisticación. Una especie de metáfora de la cocina de José Ramón Berriozabal, que prefiere cocinar a experimentar, pero que no desdeña investigar sabores e incorporar productos que no pertenecen al recetario tradicional.

En cuanto al tratamiento del espacio, se ha suprimido la antigua tabiquería, para crear espacios diáfanos que convivirán con otros más íntimos y recogidos, cuando los comensales deseen gozar de privacidad.

Para introducir la luz natural en el interior del semisótano, se ha creado un patio inglés, estrecho y alargado, y cerrado en uno de sus lados por un muro de hormigón que se cubrirá de vegetación, mientras que en el muro que comunica con los comedores se han abierto amplias cristaleras. En el exterior, setos de boj siguen el perímetro de la fachada.

Anexo al restaurante se encuentra la carpa, un espacio para celebrar banquetes, que Mariscal concebió como una “catedral laica”. Una estructura de listones de madera de haya envuelve el espacio interior y le da mucho carácter.